Marca personal, presencia online y reputación para técnicos

El Colegio Oficial de Aparejadores, Arquitectos Técnicos e Ingenieros de la Edificación de Sevilla ha tenido la amabilidad de invitarme a impartir el próximo 17 de Noviembre una Jornada de formación sobre la influencia del entorno digital en la reputación en el momento actual.

Orientado especialmente a profesionales liberales, se trata de compartir con los colegiados algunas reflexiones sobre el tema de la marca personal y la presencia online

Internet nos ha dado a todos la oportunidad de presentarnos al mundo, pero es necesario aprovechar bien nuestro tiempo y construir una imagen coherente de nosotros mismos como profesionales.

Con el planteamiento de una estrategia sencilla es posible destacar: elegir el mercado objetivo de forma realista, adquirir un dominio propio para una web o un blog, establecer un plan de publicación de contenidos y de presencia en las redes sociales más convenientes a cada uno son los primeros pasos, pero hay que tener claro que para conseguir el éxito será necesaria además una buena dosis de sentido común, creatividad y trabajo constante… todo ello para conseguir trabajo suficiente para vivir.

Puede parecer excesivo, pero basar la búsqueda de clientes, colaboradores o asociados exclusivamente en los tradicionales métodos offline puede ser un error fatal en un momento en que de forma instintiva consultamos con el smartphone que llevamos en el bolsillo el tiempo que hará mañana, buscamos la tienda de deportes más cercana o nos mantenemos en contacto con nuestros amigos y conocidos.

Desde una tablet o un PC es muy común hacer transferencias, buscar y pagar nuestras vacaciones, etc. Hemos dado un salto que no tiene camino de vuelta, no seamos tan ciegos de no aplicarlo en lo que tanto nos interesa: desarrollar nuestra propia carrera profesional

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Materiales con historia: el vidrio (I)

El vidrio es un sólido amorfo formado principalmente por sílice, el elemento más común de la corteza terrestre. Su composición básica es de varios silicatos metálicos en distinta proporción. Existe como producto natural  como consecuencia de la fusión de cierto tipo de rocas en las altas temperaturas de la erupciones volcánicas o por el impacto de meteoritos. Un ejemplo de esto es la obsidiana.

sagrada familia

vidriera de la Sagrada Familia

Sin embargo, no habrá sido este el modelo del cual haya partido el hombre para su fabricación, quedando la invención o el descubrimiento del proceso a la pura especulación, a falta de datos constatables.

Sin entrar en detalles que excederían el objetivo de este trabajo podría mencionarse los vidrios metálicos descubiertos en 1961 (no existen en la naturaleza debido al ritmo de enfriamiento necesario, del orden de 106 ºC. s-1), las vitrocerámicas como resultado de la cristalización parcial y controlada de un vidrio, e incluso señalar la existencia del “agua vítrea” obtenida en laboratorio en condiciones extremas de temperatura y presión.

Históricamente hablamos de los vidrios como sólidos resultantes del enfriamiento rápido de una sustancia en fase líquida, y más concretamente de aquellas que contienen sílice, ya que estos son los vidrios conocidos y empleados desde la antigüedad en muy distintas manufacturas, con componentes y propiedades diferentes según su aplicación. El presente trabajo se refiere sobre todo a este material, que ya de por sí abarca un gran campo de aplicaciones, teniendo la particularidad también de que por su aspecto es y ha sido utilizado ampliamente con fines decorativos.

INTRODUCCION HISTÓRICA

Posiblemente la documentación más antigua conservada sobre el vidrio se encuentre en unas tablas de arcilla fechadas sobre el 650 a.C., aunque no se han descifrado totalmente al desconocer el significado de los términos técnicos contenidos en ellas.

En su origen, este material era usado en Asia para fabricar objetos decorativos de pequeño tamaño (cuentas, collares) debido a la dificultad de obtener y manejar piezas mayores, de donde pasó a Mesopotamia y ya en 1.500 a.C. en Egipto se hacían vasijas usando la técnica del moldeado sobre núcleo de arena de la masa fundida. Se obtenían objetos poco transparentes, pudiendo ser coloreados añadiendo distintos óxidos a la masa.

Como veremos más adelante, gran parte de la dificultad para la elaboración del vidrio estriba en la temperatura de fusión que debe alcanzarse[1].

En el s. I a.C. los fenicios ya conocían la técnica del vidrio soplado, gracias al cual podían fabricar recipientes de mayor tamaño, más transparentes y con producciones a mayor escala, lo que supuso un gran éxito en la actividad comercial que desarrollaban en el Mediterráneo.

Bajo el Imperio Romano, Y favorecido por su expansión, se extendió el uso y conocimiento del vidrio por toda Europa, desarrollándose distintas técnicas decorativas de elaboración y de coloración por medio de diferentes óxidos. Más tarde, tras la caída del Imperio, muchos artesanos se refugiaron en áreas donde poder continuar con su trabajo.

A lo largo de la Edad Media se fabricaba vidrio de coloración verdosa debido a la adición de carbonato sódico procedente de las algas del mediterráneo. También se experimentó en Alemania con la adición de cenizas, produciéndose de esta forma vidrio potásico-cálcico.

El uso más característico de esta época es la fabricación de vidrieras con piezas de vidrio plano coloreado de tamaño pequeño o mediano, colocadas en los huecos exteriores de las catedrales. Mediante un proceso que daba nombre al vidrio fabricado de esta forma, el llamado “vidrio Crown” se soplaba y se aplanaba mediante el corte y el giro de la burbuja formada, colocándose en un molde y cortándose después en las piezas necesarias, que no podían ser de grandes dimensiones.

Ya en el Renacimiento, fue en Venecia donde la técnica de fabricación se perfeccionó con la elaboración de un vidrio sódico puro de gran calidad y transparencia que dio fama al “cristal de Murano” (llamado “cristallo” por su parecido con el cristal de roca[2]) y cuyo secreto de fabricación intentó mantenerse a toda costa para conservar el monopolio que tanto favoreció económicamente a la ciudad.

Más adelante, y hasta el s. XVIII se desarrollarían otros tipos de vidrio con diferentes propiedades, como el vidrio potásico (de mayor dureza) fabricado en Alemania y el “cristal de plomo” inglés, el más brillante de los fabricados hasta entonces.

Hay que tener en cuenta que debido a que el conocimiento de las composiciones y propiedades de los vidrios está ligado al de la química, durante muchos años esta manufactura caminó a ciegas, ya que son pocas las propiedades directamente mensurables, como la densidad o el índice de refracción. Ejemplos tales como: “las cenizas más amargas son las mejores para hacer vidrio”, debido al diferente sabor que se percibe entre las que contienen sales de Na o K y las que tienen sulfatos, carbonatos o nitratos dan una idea del avance del proceso, como en otros campos, por ensayo y error.

Entre 1750 y 1900 se fabricaba a mano gran cantidad de vidrio de ventanas y de botellas, y en 1870 Michael Owen comenzó la producción de botellas a máquina. Más tarde se haría también con las ventanas, dando así inicio al verdadero uso a gran escala de este material.

Podemos mencionar otros hitos, como la introducción del proceso del vidrio flotado por la compañía Pilkinton Brothers en 1959, o el descubrimiento por error del proceso que daría lugar a las vitrocerámicas, por parte de S.D. Stookey, al calentar hasta 850ºC una muestra de vidrio con partículas de Ag. Más tarde se perfeccionó este procedimiento usando Ti para dar lugar a un material cerámico de gran tenacidad y resistente al choque térmico, usado en aplicaciones tan dispares como utensilios de cocina y puntas de cohetes espaciales.


[1] La temperatura de fusión de la arena de sílice es de 1.715ºC, y la temperatura del fuego de algunos de los combustibles habituales es de 1.030ºC para la madera, 800 – 900 ºC para la grasa animal, 1.390 ºC para el carbón. La masa de vidrio se funde a unos 1.500ºC gracias a la adición de fundentes que rebajan esta temperatura.

[2] La palabra procede del griego crystallos, con el que se designaba al cuarzo. Es posible que de aquí proceda la confusión entre vidrio y cristal del lenguaje común.

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Dirección de obras de rehabilitacion de edificios y restauracion

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Es un trabajo con mucha responsabilidad, pero también muy enriquecedor porque siempre hay mucho que aprender. Pongamos de nuestra parte para sacarle partido.

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El cuidado que se pone en cada detalle influye en el conjunto acabado

Partiremos del hecho de que los requisitos fundamentales para poder colaborar de forma efectiva en una rehabilitación son el conocimiento teórico y la experiencia.

El primero de ellos se adquiere por medio del estudio de la bibliografía existente, cursos y congresos, empresas especializadas, etc, pero sobre todo gracias a la curiosidad suficiente para explorar campos tan dispares como la estática o la biología. Son tantos los factores que pueden influir y de hecho influyen en el deterioro de los edificios que siempre habrá conocimientos que adquirir para poder relacionar causas y efectos que nos lleven al diagnóstico correcto.

Un profesional que se precie debe tener la intuición estructural suficiente como para distinguir los casos en los que la estabilidad estructural está comprometida o existen dudas razonables al respecto, para distinguir los principales defectos constructivos, reconocer soluciones tradicionales y muchas otras cosas, además de estar bien informado sobre las soluciones más eficaces a los problemas habituales, en cuanto a materiales a emplear y su compatibilidad con los existentes, como a características críticas de los sistemas empleados.

La experiencia es una de las herramientas más efectivas, aunque por desgracia sea inevitable adquirirla con el tiempo y la suerte necesarios. Debe buscarse a toda costa ese traspaso de conocimientos fundamental para nuestro trabajo. Es necesario aprovechar cada ocasión de aprender, ya sea de otros profesionales, de compañeros, de gentes del lugar, artesanos y obreros con amor a su trabajo, o de los trabajos de otros mientras están en marcha o cuando se encuentran acabados.

La curiosidad por reconocer las soluciones aportadas, admirar los trabajos bien hechos y los errores donde se hayan cometido nos ayudará en algunos casos más que muchas páginas de nuestra biblioteca.

El resto, mucha observación y sentido común: más de una vez habrá que separarse del grupo en las primeras visitas y observar sin distracciones el conjunto, procurar obtener una visión global para dilucidar primero la filosofía de la construcción y sus soluciones particulares, los añadidos si los hay, las orientaciones y otros muchos indicios generales para familiarizarse con el edificio y su entorno (pasado y presente). Después, pasar a los efectos más llamativos de las patologías visibles y meditar sobre si tienen relación entre sí y con las características observadas. Preguntar sobre la historia y el uso del edificio, pensar, replantearse, tomar notas, hacer fotos.

Especialmente al principio, es necesario volver una y otra vez a los puntos difíciles, retroceder y volver a observar. Cuando se tenga una idea más o menos formada, comentar y contrastar puntos de vista.

Tener siempre en cuenta que los edificios que tratamos tardaron mucho tiempo en hacerse y llevan mucho tiempo en pie. Será necesario pues, por respeto al menos, dedicarles un tiempo suficiente del nuestro.