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Es un trabajo con mucha responsabilidad, pero también muy enriquecedor porque siempre hay mucho que aprender. Pongamos de nuestra parte para sacarle partido.

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El cuidado que se pone en cada detalle influye en el conjunto acabado

Partiremos del hecho de que los requisitos fundamentales para poder colaborar de forma efectiva en una rehabilitación son el conocimiento teórico y la experiencia.

El primero de ellos se adquiere por medio del estudio de la bibliografía existente, cursos y congresos, empresas especializadas, etc, pero sobre todo gracias a la curiosidad suficiente para explorar campos tan dispares como la estática o la biología. Son tantos los factores que pueden influir y de hecho influyen en el deterioro de los edificios que siempre habrá conocimientos que adquirir para poder relacionar causas y efectos que nos lleven al diagnóstico correcto.

Un profesional que se precie debe tener la intuición estructural suficiente como para distinguir los casos en los que la estabilidad estructural está comprometida o existen dudas razonables al respecto, para distinguir los principales defectos constructivos, reconocer soluciones tradicionales y muchas otras cosas, además de estar bien informado sobre las soluciones más eficaces a los problemas habituales, en cuanto a materiales a emplear y su compatibilidad con los existentes, como a características críticas de los sistemas empleados.

La experiencia es una de las herramientas más efectivas, aunque por desgracia sea inevitable adquirirla con el tiempo y la suerte necesarios. Debe buscarse a toda costa ese traspaso de conocimientos fundamental para nuestro trabajo. Es necesario aprovechar cada ocasión de aprender, ya sea de otros profesionales, de compañeros, de gentes del lugar, artesanos y obreros con amor a su trabajo, o de los trabajos de otros mientras están en marcha o cuando se encuentran acabados.

La curiosidad por reconocer las soluciones aportadas, admirar los trabajos bien hechos y los errores donde se hayan cometido nos ayudará en algunos casos más que muchas páginas de nuestra biblioteca.

El resto, mucha observación y sentido común: más de una vez habrá que separarse del grupo en las primeras visitas y observar sin distracciones el conjunto, procurar obtener una visión global para dilucidar primero la filosofía de la construcción y sus soluciones particulares, los añadidos si los hay, las orientaciones y otros muchos indicios generales para familiarizarse con el edificio y su entorno (pasado y presente). Después, pasar a los efectos más llamativos de las patologías visibles y meditar sobre si tienen relación entre sí y con las características observadas. Preguntar sobre la historia y el uso del edificio, pensar, replantearse, tomar notas, hacer fotos.

Especialmente al principio, es necesario volver una y otra vez a los puntos difíciles, retroceder y volver a observar. Cuando se tenga una idea más o menos formada, comentar y contrastar puntos de vista.

Tener siempre en cuenta que los edificios que tratamos tardaron mucho tiempo en hacerse y llevan mucho tiempo en pie. Será necesario pues, por respeto al menos, dedicarles un tiempo suficiente del nuestro.

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